Por Rosa Alcayaga
Fuente; El ciudadano Nº99

Saborear su poesía es una invitación herética, Y si ustedes me invitan a sintetizar podría decir que una sola palabra puede configurar su perfil tanto en su obra como en su vida: disidencia. Por lo tanto, "sola contra el mundo" como escribe el poeta Enrique Lihn no es una metáfora cualquiera en el caso de Stella Díaz Varín (1926-2006), en su obra converge la poesía vanguardista en la linea del surrealismo y la voz de la mujer-sujeto-creadora como eje articulador de ciertos rasgos de la poesía moderna como un ser distinto que apunta a transformar el sistema. Inscrita en la tradición de la ruptura si me guió por los parámetros analíticos del premio Nobel mexicano Octavio Paz puedo sostener, a contrario sensu de los titanes patriarcales, que Stella Diaz Varín recrea una visión cósmica del mundo por el camino de la analogía expresada a través de las correspondencias: una forma sagrada de ver el universo y el cosmos en búsqueda de un nuevo sagrado en rebelión frente al establishment burgués. Su búsqueda de lo absoluto como se lo declaro miles de veces a su amiga entrañable la periodista Claudia Donoso, fue un deseo siempre presente: "Yo soy la fuente, pequeñisima, pero soy la fuente y por eso es que hay mucho terror. Porque la soberbia es un pecado y eso te lo machacan todas las religiones. La Iglesia Católica es la mas pilla porque te dice que de los mansos sera el reino de los cielos, o sea, vamos aplastandole la cabeza a los pobres seres humanos".
Desde el romanticismo hasta las vanguardias, los/as poetas han intentado crear, cada uno/a a su modo, su propia mitología, a partir de los restos de las religiones oficiales, mitologías, obsesiones personales, conformando sus propias sus propias estructuras de símbolos y mitos, de tal forma que la poesía moderna aparece como una nueva mitología en su obsesión por constituirse en un sustituto de las religiones tradicionales, que al decir de Gutierrez Girardot, condena al artista al "fracaso". Lo supo Stella Diaz Varín. Por eso la poeta admite estar "vencida y condenada" y así lo escribe en su poema La palabra: "Se termina la búsqueda y el tiempo./Vencida y condenada / por no hallar la palabra que escondiste". Desde una perspectiva hermenéutica bajo las coordenadas de la teoría literaria feminista, podríamos decir que las palabras que busca le fueron negadas y las existentes le son ajenas porque fueron creadas por el primer sexo. No obstante, con sus imágenes, Stella Díaz Varín rompe las ataduras lógico-racionales: a veces como una Stella/ Eva subversiva, recrea una visión distinta de la historia oficial sagrada y arrogándose un derecho que le ha sido negado, asume una voz para contar como habría sido creada realmente: "El Alfarero vino, tomo un trozo de fuego / y el modelo mi entraña, / después, apasionada y silenciosamente / dibujo mi sonrisa, / que esta mueca absurda que me forma la cara." Si tenemos presente que una determinada cultura impone símbolos, lenguajes y modelos, signos de reconocimiento en donde los poetas, en particular, no pueden reconocerse, la búsqueda de una identidad diversa fuera de los cánones se convierte en un desafió y una tendencia.
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