Fragmentos
De las puras ganas de escribir
Juventud = Ingenuidad?
Hernán Rivera Letelier
Los Guardianes de la Libertad
No somos peces
Salida al cine
14 de julio
Carnaval de manifestaciones. La gente expresando su descontento. Los llaman comunistas, resentidos, flaites, envidiosos que quieren todo gratis, y así un sin fin de cosas. Pero tanto peyorativo insistente se hace chistoso, y a veces espero uno cada vez más ingenioso para poder ventilar los dientes.
Mientras caminaba por la Alameda buscando a mis compañeras de manifestación, pude ver la creatividad infinita de la gente, callampas rojas con tintes blancos avanzaban dichosas de su obra, aludiendo a que todo vale igual o menos que ellas, pobrecitas.
Un poco más adelante, padres con sus niños al hombro o en coche, la edad no tiene límite como dicen en fantasilandia. Bien colorinches y cachetonsitos los críos, observando cuanto personaje se les cruzaba, cautivando su atención las formas y colores, mientras que sus padres avanzaban exigiendo el futuro que deseosos esperan dejarles en herencia a sus vástagos, la tan anhelada educación.
Continúe mi camino y de pronto una bandera gigante se cruzó a mi paso, hasta ella se dio cuenta que las cosas están cruzando vergonzosamente la línea de la injusticia, y yo ahí, con ella de obstáculo en el camino. No me quedo más alternativa que agachar el lomo y caminar por debajo de ella, no le iba a decir que se corriera, si a la pobre no le pusieron ojos, porque su creador dijo que le era indiferente quien se escudara con ella, no necesitaba ver, solo sentía con el corazón, y eso le bastaba.
Seguí avanzando y me encontré con una rueda gigante, de esas que usan los hámsteres en su jaulita paradisíaca. Un comisionado de dicha especie, algo peculiar por cierto, la hacía funcionar. El ejemplar se paraba solo en dos patas, y sus bigotes no eran muy largos, pedía que por favor se detuviera este ciclo malicioso manipulado por cofradías, que lo único que hacían eran jugar con él, y ver hasta donde le permitiría avanzar el corazón, como un juguete del destino echaba un paso tras otro.
Más adelante, un señor con resortes en los pies gritaba que aquel que no saltaba era lavín, o piñera, o pinochet (no los considere sustantivos propios, para restarle un poco de importancia a la defensa de la propiedad privada), cuestioné si mi salto me haría menos lavín, o piñera, o Pinochet, que el tipo que estaba a mi lado y saltaba más alto que yo.
Seguí avanzando, y un padre desde el techo de un paradero vigilaba como su hijo gritaba consignas alentadoras, soñando con lo imposible para conseguir lo posible. Pasado, presente y futuro se reunían para escribir la historia.
Camine unos metros más, y era como si me hubiese teletransportado y llegado a brasil, era una fiesta, todos de verdes, nunca pude averiguar a qué institución pertenecían, pero realmente poco o nada importo en el momento, lo que me cautivo fue la alegría con la que se expresaban, al son de bailes, cantos, y una lucha por la que todos estábamos ahí.
Pocos pasos más allá, al fin di con mis compañeros, iban con el peda (Universidad Metropolitana de las Ciencias de la Educación, para abreviar), y llegue para seguir caminando junto a ellos, porque mi amiga dice que tenemos que tener algún punto de referencia por si nos perdemos, pero me gusto estar perdida un rato, y caminar por entre las multitudes, descubriendo un sin fin de expresiones, que me motivan a pensar que las cosas siempre pueden ser diferentes, a que no por que el mundo sea de una forma deba seguir igual, me motiva pensar a que es posible el cambio.
Unidad y Lucha, las damas de la Victoria.