Espacio Matta, Comuna de La Granja, Primera Feria Social del Libro, mucho calor, unas cincuenta personas llenas las sillas dispuestas, varios de los espectadores atentos al clásico que se esta jugando, la U versus el Colo, inclusive el mismo Hernán esta atento a la jugada. Por lo visto no llegara más publico así que se da comienzo a esta conversación con el autor. Da punta pie inicial y guía la temática un hombre cuyo nombre nombre no alcanzo a escuchar, pero cuyo aspecto físico llama la atención, ya que poseía un abultado estomago y parecía un merengue disuelto en la silla. Otra cosa que llama mi atención respecto de este hombre, es su poco conocimiento de su entrevistado, lo cual quedara reflejado en las próximas lineas.
El hombre merengue hace una pequeña presentación hacia el entrevistado y le pasa la bandeja con ya no recuerdo que pregunta, comienzan así a salir las palabras de aquél a quien yo quería escuchar, ver y hasta cierto momento me dieron ganas de agradecer. Comenzó por contarnos a cerca de su amo de la infancia, Rosita Quintana, escrita como una de esas famosas antiguas, elegante, y de una belleza natural, representada no solamente en lo física, si no en el desplante, en la manera de hablar. Me la imagino vestida por completo de rojo y con una cabellera bultosa.
Nos contó que El himno de un ángel parado en una pata, no era más que una mezcla de realidad y ficción a cerca de su propia infancia, en donde un muchacho de la pampa soñaba con su Rosita, y que cuando ya era un escritor famosisimo, tuvo la suerte, o más bien fue el destino en sus palabras, de conocerla 40 años después, en uno de sus viajes a México en donde estaba promocionando no este libro del que les cuento, si no de La Reina Isabel Cantaba Rancheras, Curiosamente en la maleta que destino para este viaje, Hernán deposito una copia del ángel, que aun no salia a la venta. Estaba entonces Hernán en este viaje de promoción, cuando en una entrevista radial al aire, entra un llamado muy especial, su Rosita. Con la misma voz que recordaba desde niño, Rosita explico que su llamado no se debía a las palabras de Hernan, si no a cómo éste las expresaba, es así como planearon un encuentro. Hernán muy nervioso de camino a dicho encuentro, pensó en retractarse pensando en las condiciones que encontraría a Rosita 40 años después, pero ya no había vuelta atrás, no la podía dejar plantada. Llego a al restauran de un hotel, y en una mesa que daba a un gran ventanal estaba su Rosita, más joven, bella y distinguida que nunca. Hernán no lo podía creer, se cumplía su sueño de toda la vida, cómo él fue a parar a este lugar, como él fue a conocer a su amor de la infancia, pero estaba ahí, el destino así lo había dictado. En medio de la conversación, la pavorosa mujer, dijo con un toque de sensualidad; comamos el postre en otra parte, y colorin colorado, este extracto se ha acabado, porque en palabras del propio Hernán, un caballero no tiene memoria.
Pero la entrevista no acaba con los aplausos que siguieron esta historia, el autor tenia mucho mas que contar. Una de las cosas que llamo mi atención fue la anécdota de que él recién a los 9 años había visto por primera vez un árbol, el desierto duro, el clima maldito no se lo habían permitido antes. Valora a la mujer como muy pocos lo siguen haciendo, valora el sacrificio, valora las muertes, la luchas, el trabajo, el sudor que derramaron tantas pampinas, con los hijos a cuesta, con el vivir día día para el pan del día a día, porque no había más futuro que mirar, no había estomago para eso.
Y pensar que fue el hambre lo que llevo a este muchacho a convertirse en uno de los autores más reconocidos de nuestra larga y angosta faja de tierra. El hambre no de fama, si no el hambre de semanas, de no saber por días enteros lo que era un plato contundente de comida. Fue así como se motivo a participar en un concurso de poesías en la radio de Arica, cuyo primer lugar consistía en una cena para dos personas en un reconocido hotel de la región. Bajaron las musas del hambre, porque este hombre escribió uno de los mejores poemas que habían llegado a la radio. Fue así como junto a su compañero de andasas de aquel entonces, con ropas andrajosas, y una servidumbre reacia a atenderlos, se dispusieron a sentarse en una recóndita mesa del restauran, de donde se oían sus gritos de petición por más pan... pa´raspar el plato.
¿Conocio usted a la Reina Isabel?, pregunto al que teníamos por presentador, no, dijo el autor, la Reina Isabel no es La Reina Isabel, era una prostituta de la pampa a quien llamaban así por su prestancia y aire aristócrata que emanaba de sus poros, fue cuando el presentador se ajusto a su silla untándola cada vez más en su abultado cuerpo, no sabia como disculparse así que mejor guardo silencio y dejo que el escritor pampino siguiera con sus historias, no podía hacer cosa mejor. Habian muchas prostitutas famosas en la pampa, continuo Rivera, la Reina Isabel, la 2.4, la ambulancia, esta ultima con un apodo muy particular, y es que este niño pampino enamorado de Rosita, pensaba que la ambulancia recibía este nombre por su blanca piel y ropajes, pero no señor, un día le pregunto a uno de los viejos pampinos y este le respondió; no huevón, como se te ocurre, le dicen así porque le cabe un hombre entero adentro (risas).
Demostrando interés por el partido que se estaba llevando a cabo, mencionó por cierto que era colocolino, continuo si no atento a las preguntas que el publico estaba por hacerle, muchas sobre sus libros, sus inspiraciones, métodos de escritura, que no era más que escribir sin ninguna distracción frente al computador, y otras sobre el fomento a la lectura. Pero una señora de unos 70 años llamo mi atención, no hizo una pregunta, si no que aplaudió a los jóvenes que estábamos en ese lugar, espero que este bien incluirme, aun no cruzo los treinta, nos aplaudió porque en su día a día se pasaba preguntando que pasaba con la juventud que parecía tan perdida, sin embargo en este encuentro pudo ver como los jóvenes o estos jóvenes, estábamos comprometidos con la lectura, amábamos la lectura, igual que ella y muchos de los mayores que estaban allí presente. No se cerro su comentario más que con aplausos evidentemente, pero la mujer llamo mi atención porque me recordó a mi abuela, esas eran palabras que hubiese dicho ella, y por eso había pensado agradecer a Hernán, porque en sus historias me fundía en la mas completa imagenería, de cómo había sido la vida de mi abuela, lo que vio, lo que olía, lo que escuchaba, lo que sufría, lo que soñaba, porque ella no se crió en la pampa, pero bastante similar era el campamento minero del Tofo...pero no le agradecí, me quede con las palabras de la mujer, me quede con este mundo mezcla de realidad, mezcla de ficción, mezcla de Rivera y mi abuela Norma. sentí que de uno u otro modo era otra vez en este mundo de Rivera Letelier mi abuela la que estaba acompañándome con su parecencia.